sábado, 28 de noviembre de 2009

La Abolición del Ejército en Costa Rica y su impacto en el campo de la Ciencia, la Tecnología y el Militarismo

Licenciado en Derecho por la Universidad de Costa Rica, Diplomado en Derecho Internacional Humanitario, Universidad del Rosario (Colombia); Máster en Estudios Latinoamericanos Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal de la Universidad de Salamanca, Candidato a Doctor y Diplomado en Estudios Avanzados (Derecho Público y Relaciones Internacionales), Instituto de la Paz y los Conflictos, Programa: Paz, Conflictos y Democracia, Universidad de Granada (España); Candidato a Doctor, Suficiencia Investigadora, Facultad de Derecho, Programa Aplicación de los Derechos Humanos en materia Penal y Procesal Penal, Universidad de Salamanca (España).

Epígrafe:

Solamente puedes tener paz si tú mismo la proporcionas (Marie Ebner-Eschenbach).

La abolición del ejército en Costa Rica, el primero de diciembre de mil novecientos cuarenta y ocho, supuso y supone la mayor hazaña de alcance histórica, universal y universalizable que desde Costa Rica hubiese dictado gobierno alguno y que sin lugar a dudas constituye uno de los actos más significativo y de mayor relevancia civilizante que se hubiera adoptado en Latinoamérica a lo largo del siglo XX.

La abolición del ejército no solo implicó la eliminación de la institucionalidad castrense en el país y la adopción de una política nacional de defensa basada en el desarme, lo cual es visible y perceptible a la luz de los aportes que la literatura especializada a denotado en este campo. Sin embargo, un elemento que no ha aflorado en el análisis sobre estos hechos lo ha sido la valoración sobre lo que a partir de la abolición del ejército no ha sucedido en nuestro país y en nuestro medio científico nacional.

La supresión de las Fuerzas Armadas en el campo de la ciencia y la tecnología supuso para los científicos nacionales dos acontecimientos de magnitud e importancia como lo supuso su liberación de las obligaciones técnicas que tendrían en el caso de subsistir un ejército así como de la disposición de los recursos científicos nacionales para el desarrollo de quehaceres relacionados con I+D sin tener que sufrir su desviación y traslado al campo del I+D militar.

Desde el conocimiento crítico y alternativo se ha cuestionado el supuesto rol neutral de la ciencia y el proceso técno-científico ante el militarismo, ya que según la Dra. Rosa María Doménech y el Dr. Francisco Rodríguez Alcazar (investigadores del Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada) ha sido la violencia extrema un vector de cambio que a alterado la organización y producción social mediante la vinculación del proceso técno-científico a la producción de armamentos

La militarización de la ciencia supone el aprovechamiento, con fines militares, del conocimiento producido de conformidad con el método científico; lo cual se materializa a través de la conformación deliberada de un sistema organizativo que distrae de otros quehaceres sociales importantes recursos, tanto económicos como humanos, en función de la producción y desarrollo de armas. Este objetivo se transforma en un mandato para la consecución de un mejoramiento en las capacidades destructivas del armamento a cargo de las instituciones públicas y privadas adscritas al campo tecno-científico.

Según estos investigadores, existe una interrelación orgánica y funcional entre armamentismo y militarismo, determinada no solo por el hecho de que el armamentismo comporta la forma más extrema, y quizá más perversa, del militarismo, sino también por el papel de este último tiene en cuanto a la vertebración, tanto a nivel nacional como supranacional, de esquemas institucionales que priman el factor seguridad por sobre cualquier otro de distinta naturaleza, de tal surte que termina promocionando formas indeseables de organización política o económica sustentadas en el uso y producción de armas.

La apropiación de un segmento del mundo científico, con un ánimo totalizante, por parte del militarismo, traspasa a este medio modelos de abordaje de la conflictividad sustentados en el uso de la fuerza, lo cual (re)posiciona el papel de la violencia como medio de resolución de los problemas humanos, tanto en el plano nacional como en el internacional, en razón de la vínculación entre tecnociencia y violencia letal, incrementada bajo el asociacionismo establecido entre ciencia e industria armamentista promovido por el militarismo.

El escenario de alta confidencialidad en el que se verifica tal asociacionismo impide a la sociedad civil organizada así como a las autoridades civiles ubicadas en el sector de la ciencia y la tecnología desarrollar los controles democráticos que exige la ciudadanía a efectos de que los recursos públicos destinados a las ciencias y tecnologías militares respeten los parámetros civilizantes que comporta el Derecho Internacional Humanitario (Derecho de los Conflictos Armados) en cuanto al desarrollo de poder letal a través de la producción y disposición de armamentos, sobre todo en el caso de armas convencionales y no-convencionales de alto poder destructivo. Por lo que la lucha en contra de la alta confidencialidad y el secretismo representan factores de éxito indispensable en la lucha por lograr el desarrollo de un I+D militar subordinado plena e indubitablemente a los mecanismos democráticos de control civil sobre las Fuerzas Armadas, lo cual supone el establecimiento de un sistema de pesos y contrapesos en este campo que coloque al poder científico civil por sobre el poder científico militar dentro del campo de la tecno-ciencia.

Sin embargo, este postulado civilista no es de fácil aceptación bajo el concepto de ciencia-nacional al que muchos sectores científicos se han adscrito sobre la base del principio de que la ciencia debe estar al servicio del Estado-Nación; esta postura a conducido al nacionalismo científico (pretensión de superioridad nacional) lo cual contrasta con la pretensión de universalismo y neutralidad que a caracterizado al conocimiento científico.

Así, desde una particular forma de vinculación entre ciencia, tecnología, Estado y Ejército, a operado la conversión de los gobiernos nacionales en patrocinadores y clientes de los productos e invenciones de la tecnociencia militarizada, lo cual a potenciado la “ciencia pública” en función de intereses militares a través del financiamiento estatal asignado a investigación, con la justificación de que la superioridad tecnológica asegura sobre cualquier eventual enemigo asegura una ventaja militar tras la cual se disuade al agresor de materializar su agresión y de esta forma, en última instancia, se logra la paz.

Esta percepción ha imperado en medida nada escasa y representa el núcleo central sobre el cual gravitan las relaciones entre el sector de la ciencia y la tecnología para con los distintos gobiernos nacionales que se suscitan a través de la lógica democrática en la mayor parte de países del mundo desarrollado. Esta intervinculación, a diferencia del pasado, ya no solo opera en tiempos de guerra, sino también, en tiempos de paz, lo cual singulariza nuestra época en razón de marcar un cambio con respecto de la institucionalización, a gran escala, de la investigación con fines militares, lo cual ha acontecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

El uso de la bomba atómica como elemento finalizador y resolutor de un conflicto armado reposicionó en términos estratégicos el papel de la ciencia y el armamentismo en el escenario militar, lo cual prosiguió con la carrera atómica y la carrera nuclear establecida entre las superpotencias de la Guerra Fría. Hoy en día, los atentados del 11s y el 11m han favorecido un aumento del gasto general en seguridad así como del rubro correspondiente a I+D militar. Solo en el caso de España, este país dedica a gasto militar el 2.5 del Producto Interior Bruto y a investigación militar el 52% de su presupuesto total para I+D, lo cual representa 11 veces el monto asignado al programa de investigación sanitaria, 291 veces su presupuesto de investigación y evaluación educativa; 100 veces el costo del programa mundial de Cultura de Paz de la UNESCO, cuyo monto es además superior al presupuesto ordinario de la ONU.

Para las naciones con una fuerte presencia del gasto militar en el contexto del gasto público plantear la necesidad del traslado de recursos del campo del I+D militar al escenario del I+D constituye una oportunidad para el fortalecimiento de las actividades civiles ligadas a este campo, sobre todo en el campo de la salud y de la producción; sin embargo, esta posibilidad (desde el punto de vista de la Real Politik) es de difícil concreción en vista de la prevalencia de esquemas sociales que privilegian lo militar por sobre lo civil en esas sociedades.

Quizá lo políticamente posible (a través de una política científica diseñada al efecto) lo sea el procurar establecer mecanismos para el usos pacífico del I+D militar así como formas de cooptación civil de tales usos. Ya que el camino de la confrontación directa en pro de la eliminación completa del I+D militar, como lo acredita el ejemplo costarricense a través de la abolición del ejército (1949), no resulta factible en naciones en que esta institución goza de la legitimidad social suficiente para efectos de justificar su existencia y ante las cuales solo es dable la cooptación pacífica de saberes científicos elaborados al tenor de necesidades militares a efectos de analizar su utilización en actividades humanas no confrontativas, lo cual representa el componente civil del I+D militar que eventualmente podría ser desarrollado en tales países. Como por ejemplo lo podría ser el uso de tecnología militar aplicada humanitariamente a labores de desminado en zonas posconflicto así como al desarme entre los contendores.

En suma, la abolición del ejército en Costa Rica (1948) no solo liberó al país de la onerosa carga que supone el mantenimiento de las Fuerzas Armadas, redirigiendo entonces dichos recursos al área de la educación y la salud, sino que significó liberar al país de los embates negativos que el militarismo genera en el campo científico, haciendo de Costa Rica una de las excepciones mundiales en el campo de la seguridad y la defensa, no solo por carecer de un Ejército, sino también, por no haber dispensado un solo recurso científico, por más de cincuenta años, a quehacer militar alguno, lo cual marca una sensible diferencia entre nuestro cuerpo de científicos nacionales para con los de los demás países que conforman la comunidad internacional.

DECLARACIÓN DEL 1° DE DICIEMBRE COMO DÍA DE LA ABOLICIÓN DEL EJÉRCITO

Nº 8115

LA ASAMBLEA LEGISLATIVA

DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA

Decreta:

DECLARACIÓN DEL 1° DE DICIEMBRE COMO DÍA DE LA ABOLICIÓN DEL EJÉRCITO

Artículo 1º—Declárase el 1° de diciembre como día de la Abolición del Ejército, que deberá celebrarse cada año.

Artículo 2º—En el calendario escolar, el Ministerio de Educación Pública emitirá las directrices necesarias para celebrar el Día de la Abolición del Ejército, con el fin de que los centros educativos destaquen esta efeméride.

Artículo 3º—Autorízase a las instituciones públicas para que celebren actos conmemorativos relacionados con el Día de la Abolición del Ejército.

Rige a partir de su publicación.


Comunícase al Poder Ejecutivo

Asamblea Legislativa.—San José, a los cinco días del mes de julio del año dos mil uno.—Ovidio Pacheco Salazar, Presidente. —Gerardo Medina Madriz, Primer Prosecretario.—Everardo Rodríguez Bastos, Segundo Secretario.

Dado en la Presidencia de la República.—San José, al tercer

Ejecútese y publíquese.

MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ ECHEVERRÍA.—El Ministro de Educación Pública, Guillermo Vargas Salazar.—1 vez.—(Solicitud Nº 20916).—C-4420.—(L8115-59494).

día del mes de agosto del dos mil uno.

Día de la Abolición del Ejército

El Presidente de la República y los ministros de la Presidencia, de Seguridad Pública, de Educación Pública, de Cultura, Juventud y Deportes y Relaciones Exteriores y Culto,

Considerando:

  1. Que la idiosincracia costarricense está estrechamente ligada a la vocación nacional de desarme, neutralidad y paz dentro de los principios de libertad y democracia que constituyen un sentimiento ancestral y una herencia que deben mantenerse.
  2. Que, desde su incruenta independencia en 1821. Costa Rica adoptó el régimen de derecho como norma de conducta, habiendo evolucionado hacia una sociedad en la que la institución militar perdió sentido progresivamente ante la fuerza de la razón.
  3. Que el 1º de diciembre de 1948 la Junta de Gobierno presidida por don José Figueres Ferrer resolvió eliminar el ejército y convirtió, en gesto de gran valor simbólico, el antiguo Cuartel Militar Bellavista en sede del Museo Nacional.
  4. Que la Asamblea Nacional Constituyente de 1949 consagró la decisión de la Junta en el artículo 12 de la nueva Constitución Politica, el cual reza asi:

    "Se proscribe el ejército como institución permanente. Para la vigilancia y conservación del orden público, el Estado contará con las fuerzas de policía necesarias.
    Sólo por convenio internacional o para la defensa nacional podrán organizarse fuerzas militares, las cuales, lo mismo que las de policía, estarán siempre sujetas al Poder Civil, y no podrán deliberar ni hacer manifestaciones o declaraciones, en forma individual ni colectiva."


  5. Que la abolición del ejército ha hecho posible que se destinen más recursos públicos al desarrollo del país, especialmente en materia de educación, salud y cultura; ha legitimado la via electoral como único camino de acceso al poder, y ha impedido la formación de un grupo militar capaz de cobrar autonomía e intervenir directamente en el destino de una nación.
  6. Que Costa Rica, al desarmarse unilateralmente, ha depositado su confianza en las instituciones internacionales y en los mecanismos de defensa de que ella dispone, siendo los gastos de defensa de Costa Rica mínimos en relación con los ingresos del Estado.
  7. Que la Proclama de Neutralidad, emitida el 17 de noviembre de 1983, es la culminación de un proceso de desarme unilateral y voluntario y recoge los valores nacionales de paz, libertad y no intervención en los asuntos internos de otros paises, y que dicha proclama ha recibido respaldo de numerosas naciones.
  8. Que, al aproximarse Costa Rica a su primer centenario de vida democrática, conviene resaltar el carácter civilista de su pueblo y de sus gobiernos, lo cual ha instaurado una conciencia de paz y la ausencia de una cultura castrense.
  9. Que la abrumadora mayoría de la población costarricense se siente orgullosa de que el país no posea un ejército como institución permanente.
  10. Que en el Año Internacional de la Paz, que se celebra actualmente gracias a los esfuerzos de Costa Rica en las Naciones Unidas, conviene reiterar la vocación nacional de paz, materializada en la supresión del ejército, y recordar los beneficiosos efectos que ha tenido para el desarrollo material y espiritual del país, así como para la convivencia con las demás naciones.

Decretan:

Artículo 1º—Declárase el 1º de diciembre de cada año como "Dia de la Abolición del Ejército".

Articulo 2º—Se insta a todos los costarricenses y a los extranjeros radicados en el país, asi como a las instituciones públicas y a las privadas, a reflexionar sobre este hecho fundamental de la historia patria y a celebrarlo con la dignidad y el decoro que merece la fecha.

Artículo 3º—Rige a partir de su pubilcación.

Dado en la presidencia de la República. -San José, a los veintiséis días del mes de noviembre de mil novecientos ochenta y seis.

Oscar Arias Sánchez



La Gaceta Nº 244 del miércoles 24 de diciembre
de 1986, pág. 9.

Abolición del Ejército

Enero de 1949

Cada primero de diciembre Costa Rica celebra uno de los acontecimientos más significativos de su historia, uno de los hitos más importante de su vida civilista en la búsqueda y consecusión de la paz y la democracia: la abolición del ejército como institución permanente.

El ejército hasta 1948 continúa manteniendo su presencia dentro de la organización del estado como una institución con fundamentos jurídicos y recursos económicos, que aunque escasos, siempre representaron una carga para el presupuesto nacional

El 1º de diciembre de 1948, el General Figueres, victorioso en la guerra civil de ese año, disolvió el ejército en Costa Rica. En una emotiva ceremonia efectuada en lo que hoy es el Museo Nacional, de la cual fueron testigos, estudiantes, miembros del cuerpo diplomático y personalidades nacionales, el presidente de la Junta de Gobierno, José Figueres Ferrer, derribó de un mazazo unas piedras de un torreón del Cuartel Bellavista. Simboliza este hecho el fin de una era castrense y se iniciaba otra en la que la seguridad y la educación serían prioridades del gobierno.

En 1949, no sin antes haber enfrentado un intento de golpe de Estado, la eliminación del ejército fue incorporada en la constitución de 1949. Esto permitió utilizar los presupuestos antes asignados al ejército en el desarrollo del aparato educativo principalmente.

En el acta Nº 178, del 31 de octubre de 1949, aparece la aprobación del artículo constitucional que suprime el ejército como una institución permanente y crea la policía civil, para el resguardo del orden público.

El 11 de ese mismo mes y año por decreto Nº 749, la Junta Fundadora de la Segunda República, traspasó el Cuartel Bellavista a la Universidad de Costa Rica para que allí se instalara el Museo Nacional.


"El primero de diciembre de 1948, dí unos mazasos sobre un muro del Cuartel Bellavista, para simbolizar así la eliminación del vestigio del espíritu militar de Costa Rica en otro tiempo. Entregué el edificio para sede de un museo de antropología que hoy sigue irradiando cultura".

"El Ejército Regular de Costa Rica, digno sucesor del Ejército de Liberación Nacional, entrega hoy la llave de este Cuartel a las escuelas, para que sea convertido en un centro cultural".

"La Junta Fundadora de la Segunda República declara oficialmente disuelto el Ejército Nacional, por considerar suficiente para la seguridad de nuestro país la existencia de un buen cuerpo de policía".

"Somos sostenedores definidos del ideal de un nuevo mundo en América".

A esa patria de Washington, Lincoln, Bolívar y Martí, queremos hoy decirle:
¡Oh, América! Otros pueblos, hijos tuyos también, te ofrendan sus grandezas.

¡La pequeña Costa Rica desea ofrecerte siempre, como ahora, junto con su corazón, su amor a la civilidad, a la democracia!"

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